Ante un portfolio, la primera mirada se deja llevar por el efecto visual. Lo más seguro es preguntar por lo que hay detrás de cada proyecto.
Primero, el papel: ¿qué parte concreta asumió esa persona en este caso? Muchas piezas presentadas no son obra de una sola mano. Segundo, el proceso: ¿cuántas etapas entre el encargo y la versión final, con qué puntos de investigación y devolución? Tercero, las restricciones: ¿hubo límites de presupuesto, plazo o cumplimiento, y cómo se resolvieron? Cuarto, el resultado: ¿llegó a implementarse el proyecto y cómo lo usa el cliente? Quinto, la entrega: ¿qué archivos se entregaron y puede el cliente continuar por su cuenta?
Estas cinco preguntas dicen más sobre la fiabilidad de un equipo que hojear una galería. Las respuestas vagas no resisten el detalle.
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